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“A propósito del cambio del sistema hacia la independencia: la pobreza, la miseria, la ignorancia, el embrutecimiento debían ser efectos precisos de un sistema tan funesto”.
VALLE.
Para atemperar un título de vodevil como el anterior fue necesario comenzar con este epígrafe, aunque el escrito que le sigue no resultara tan solemne como el tema requiere.
Se trata más bien de subrayar algunas reacciones simpáticas que el debate nacional acerca de la encuesta popular del 28 de junio y la consecuente implantación de la cuarta urna, el día de los comicios en el mes de noviembre, ha producido en liebres que saltan de donde menos se espera.
La Democracia Directa impulsada por Zelaya ha tenido la virtud de desenmascarar ideologías embozadas de individuos y grupos que han estado arropados y protegidos por una democracia representativa, clasista y excluyente, redactada a su imagen y semejanza. De pronto los que ha estado modificando y violando la Constitución de la República hacia el antojo de sus intereses económico institucionales y partidistas se han vuelto fieles, activos y furibundos defensores del estatus quo. Como es muy probable que la propuesta los haya sorprendido pegando mármoles en la construcción de su Xanadú, la glorificación que nunca acaba, sin duda, a menos de diez días para que la encuesta se lleve a cabo las instituciones democráticas van a desplegar todo su arsenal. Van a tirar a las calles a burguesas con cacerolas y a fundamentalistas con olor a naftalina. Los cómplices amanuenses continuarán sus diatribas desde los periódicos, las radioemisoras y las televisoras de los dueños del fútbol y de la caridad.
Pero la ejecución de las estrategias ya había empezado, a favor de lo que nunca cambia ni desea cambiar y, por supuesto, cuidándose de mencionar siquiera que la Encuesta es una consulta en la que la gente común, la ciudadanía, tiene la facultad intransferible de votar tanto por un NO, como por el SÍ.
Especial fue la participación del embajador norteamericano Llorens, por lo barroco de su metáfora; pues cuando dijo que había que “vivir en la democracia para no volver a la selva” no se supo a ciencia cierta si se refería a la selva en que viven los white trash de su país, los inmigrantes segregados y gran parte de la juventud norteamericana presa de las drogas en las que un sistema de exclusión estricta, marcado por unos pocos winners en contra de millones de supuestos losers, la tiene orillada; por supuesto, dentro de su democracia. Tampoco se supo si se refería a otra selva y no a la que sirve de morada actual a millones de hondureños y hondureñas sumidos en la miseria, aunque convenientemente protegidos por la Constitución de la república y las instituciones democráticas.
En contra de la encuesta y de la cuarta urna han reaccionado al unísono los medios de difusión social en defensa de las instituciones incluyendo, ya esta vez sin el rostro de benefactores de la sociedad, a las empresas de acumulación económica que son en realidad los periódicos, las radiodifusoras y las televisoras, en las que trabajan de manera asalariada los abnegados periodistas que son objeto, durante un mes tal, de una lluvia de premios y agasajos muy merecidos por su humilde apostolado por parte de políticos, empresarios, poderes del estado, candidatos, universidades, farmacias y pulperías, etc.
Tanta es su devoción democrática que en los foros de opinión ya se ha sugerido, con dejes de fino humorismo, que se debe matar al presidente del país, inhabilitarlo de sus funciones por ineficiencia mental o incapacidad y derrocarlo por medio de actualizados golpes de estado.
En contra de la encuesta y de la cuarta urna han reaccionado connotados defensores de los profundos idearios de los partidos políticos tradicionales hondureños; conocedores conspicuos de las comas y comillas de todas las constituciones que en el mundo han sido; abogados del fuero y de la audiencia nacional, empresarios exitosos, banqueros, peritos mercantiles y bachilleres.
La más alta investidura de la religión católica, por puro milagro aliada en este momento con las llamadas protestantes, también está en contra de la encuesta y de la cuarta urna y a favor de las instituciones (la iglesia, una de las más poderosas económicamente hablando) y no sería extraño que los azufres y llamaradas que lanza desde los púlpitos tengan que quemar irremisiblemente a la gente que desde el gobierno y fuera de él se ha atrevido a proponer un escalón superior de la democracia en el que puedan poner paso los hondureños y hondureñas que en nombre del sistema institucional hacen fila cada cuatro años para votar por sus propios enemigos.
Otras congregaciones, acostumbradas a ‘protestar’ desde sus capillas de oro protestan también en contra, porque las decisiones directas del pueblo que tienen que ver con su propio destino no hacen más que abrir las puertas del infierno comunista entronizado ya en casi todos los países de Hispanoamérica y el Caribe.
Viejos y conspicuos ‘líderes’ de los partidos políticos, incluido el de gobierno, conocidos en todo el mundo por la perfección de su sabiduría, como Pineda Ponce, Ramos Soto y Ortez Colindres hicieron causa común y llegaron a los programas televisados a defender a las instituciones; algunos de estos protohombres reciben, sin que se sepa el porqué, emolumentos por parte del gobierno al que adversan.
De la unanimidad también fue participe hasta el alcalde capitalino quien, mostrando una ingeniosa manera de calificar a los procesos de cambio dijo que ésta se habría de llamar “la urna de Mickey Mouse”.
En fin, en contra de la encuesta y de la cuarta urna hubo hasta recursos de amparo por parte del Ministerio Publico, exclamaciones de sabiduría forense por parte de la Corte Suprema de Justicia, amenazas del Tribunal Superior de Cuentas y reclamaciones de la mismísima Procuraduría General de la República.
Con ejemplar unanimidad democrática se han puesto de acuerdo en que el presidente lo que realmente quiere es perpetuarse en el poder junto con su equipo de gobierno y una nube de asesores; y para nada reconocen que el denominado régimen democrático iniciado en 1980 no ha producido un tan solo gobierno de interés nacional y compromiso con sus gobernados los que, por lo contrario, únicamente han sido utilizados para consolidar un sistema de continuismo institucional que hasta hoy no ha hecho más que generar dependencia, pobreza, exclusión y miseria.
En 1982 otra asamblea constituyente redactó la Constitución que en ese año supuestamente terminó con las fuerzas de dominio militar, en el vértice de la pirámide socio económica y cultural. Sin embargo, lo que se hizo evidente fue que las instituciones se sirvieron de la actual Constitución como garante de sus acciones; para ignorarla, someterla o enmendarla conforme a sus intereses y violarla cada vez que hubiese que actualizar la garantía de tales intereses.
El gobierno, por su lado, y en voz del presidente Zelaya, únicamente responde a los ataques con este enunciado: “el proyecto de la cuarta urna, quien mejor lo interpreta y lo entiende es el pueblo hondureño, que es quien al final decidirá su camino”. No obstante algunos de sus funcionarios abonan en razones que implican la necesidad de cambiar la actual Constitución. La ministra Riccy Moncada, por ejemplo, ha dicho que “la Constitución vigente cuenta con varios artículos que deben ser revisados, como el capítulo del sistema económico, el manejo de los recursos naturales”; y el ministro Víctor Meza resume todas las razones en una fundamental: “Honduras necesita un nuevo marco constitucional para reflejar la nueva dinámica de la sociedad hondureña”.
Empero, aún hay que responder a planteamientos expresados de manera oblicua, como la mayor parte de las razones que se esgrimen en contra de la encuesta y de la cuarta urna: “¿De qué vale una cuarta urna que lleve a una Constituyente con los mismos políticos de siempre redactando una nueva Constitución que responda y actualice los intereses de la clase política de siempre?”, se dice. De hecho, una Constituyente deberá estar conformada por las representaciones de todas las fuerzas concluyentes de la ciudadanía, sin distinciones clasistas, étnicas o de género. Esa probablemente es la razón por la que una interminable fila de políticos, actuales diputados que solamente tienen veinticinco años de ocupar curules en el Congreso, aspirantes a tales expone sus razones y los modos que tienen de proteger a las instituciones, al sistema, a la alternabilidad en el poder, a los poderes del estado de manera infame amenazados; a los partidos políticos y a las familias que, de generación en generación heredan hegemonías y mayordomías partidistas ; y “analiza” las implicaciones que la redacción de una nueva Constitución tendrá para sus intereses pero nunca para los intereses del pueblo que dicen representar y gobernar.
Esa también podría ser la razón por la cual la ultraderecha del Congreso Nacional ha desempolvado la hasta hoy engavetada propuesta del plebiscito y el referéndum, en el entendido de que estos mecanismos de consulta popular (formal y temáticamente especificados por su propia naturaleza) puedan dar al traste finalmente con la propuesta de democracia directa implícita en la encuesta y la cuarta urna. Al respecto, el jurista y asesor presidencial Efraín Moncada Silva ha escrito: “¿Puede utilizarse el plebiscito y el referéndum para reformar los contenidos pétreos de la Constitución? Ya expresamos que aun en la hipótesis de que fuera deseable políticamente introducir mecanismos de democracia semidirecta en una Constitución como la nuestra que establece la forma pura de democracia representativa, esos mecanismos ya sea el plebiscito o el referéndum, o cualquier otro, no podrían utilizarse para reformar los llamados contenidos pétreos establecidos en los artículo 373 y 374 de la Constitución de 1982, porque de hacerlo se traspasaría los límites explícitos a la revisión constitucional que estableció el constituyente originario, que en forma clara, precisa y categórica ordenó en el artículo 374 mencionado que no podrán reformarse, en ningún caso, el artículo 373, el propio 374 y los demás artículos a que este último se refiere”.
El plebiscito y el referéndum, aduce Moncada Silva, como mecanismos de democracia semidirecta, pueden ser útiles e importantes para consultar al pueblo acerca de cuestiones fundamentales de interés nacional, pero jamás para reformar lo irreformable.
Y, con estilo tajante el también jurista Gautama Fonseca, refiriéndose al carácter oculto e hipócrita de los contenidos y garantías impresos en la actual Constitución: “Para ser claros, ¿quién de nuestros cuatro ricos no está convencido de que, como se afirmaba en la Europa de la segunda mitad del siglo XVII, ‘No hay orden social posible a menos que el bienestar de la minoría sea producto de la miseria y el sufrimiento de la gran mayoría’?
“Nadie ignora, por otra parte, que nuestro orden jurídico es tan sólo un puñado de palabras carentes de sentido, ya que lo único real que estatuye es lo que favorece a los menos, esto es, no a los hambrientos, a los necesitados, a los descalzos, ni a los miserables.
“¿Para qué ha servido, por ejemplo, que el artículo 344 de la Carta Magna prescriba que ‘La Reforma Agraria es un proceso integral y un instrumento de transformación de la estructura agraria del país, destinado a sustituir el latifundio y el minifundio por un sistema de propiedad, tenencia y explotación de la tierra que garantice la justicia social en el campo y aumente la producción y la productividad del sector agropecuario’, si los cuatro que en verdad nos mandan pasan por alto la señalada prescripción? ¿Qué ha ganado la sociedad hondureña con que la misma norma estatuya que ‘declara de necesidad y utilidad pública la ejecución de la Reforma Agraria’, o que el artículo 345 del cuerpo legal en referencia disponga que ‘La Reforma Agraria constituye parte esencial de la estrategia global del desarrollo de la Nación, por lo que las demás políticas económicas y sociales que el gobierno apruebe, deberán formularse y ejecutarse en forma armónica con aquélla, específicamente las que tienen que ver, entre otras, con la educación, la vivienda, el empleo, la infraestructura, la comercialización y la asistencia técnica y crediticia’?”
De las aserciones anteriores se infiere que solamente la redacción de una nueva Constitución puede acabar con la actual y su cúmulo de trampas y argucias. Que solamente una nueva Constitución podría, para el caso, legalizar la medición contemporánea del territorio nacional, obtenida tras sentencias y laudos favorables y después de arduas disputas internacionales, pero anquilosada en la actual por efecto de los “pétreos”; o la equidad de género y la inclusión social absoluta y definitivamente democrática.
Es justo mencionar aquí que intelectuales independientes no están a favor de la encuesta y la cuarta urna, o lo están por lo menos en lo que se refiere al desarrollo técnico de las consultas, porque insisten en que la propuesta presidencial suena a “tambores de continuismo”. Al respecto diremos que la propuesta es un hecho concreto y redactado de manera que sus objetivos sean claros y directos y que “el continuismo” pertenece y ha pertenecido al ámbito de la especulación.
Es posible, también, que la propuesta presidencial haya propiciado el que pájaros oportunistas se disfracen de frutos en los árboles. Esa es una opción que la gente empoderada tiene y que debe ser de tal manera inteligente que sepa diferenciar a los leales y activos creyentes en el cambio y a los asalariados de maletín, muy fáciles traidores cuando los vientos cambian.
La propuesta que da paso a la encuesta y a su consecuente cuarta urna no tiene dobleces. Así lo ha entendido la ciudadanía, ahora organizada y dispuesta para lograr el éxito en una causa real y común para todos. No nos parece malo que en este debate (no muy definido como tal, por cierto) los que están en contra hayan decidido salir del clóset y cerrar fila para proteger sus intereses y privilegios de clase y para darse a conocer de manera meridiana en su pensamiento, ya sea éste honesto, conservador u oportunista; al fin, en la encuesta del 28 de junio y en la cuarta urna de noviembre sólo se podrá entrar y la opción democrática es el voto, tanto por el NO, como por el SÍ.
Tegucigalpa, junio, 2009.
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